Pablo Larios Iwasaki ha sido uno de los mejores porteros en la historia del fútbol mexicano. Ganó cinco títulos de liga en la Primera División de México y también jugó el Mundial de México 1986 con la selección nacional. Pero su vida estuvo marcada por la adicción a la cocaína y una fuerte depresión por problemas personales.
Nacido en Zacatepec, Morelos, un pueblo dedicado a la planta de la caña que tiene una larga y rica historia en el balompié nacional, debutó en el fútbol profesional con el equipo local, que estaba entre primera y segunda división.
Aunque los Cañeros eran un equipo de bajo perfil, lejos de los grandes clubes como Cruz Azul, Chivas y América, sus buenas actuaciones en la portería empezaron a llamar la atención y para 1983 fue convocado a la selección mexicana, que en ese entonces era dirigida por Bora Milutinovic.
Su estilo arriesgado, atrabancado y espectacular lo llevaron también al Cruz Azul, Toros Neza y Puebla, donde vivió sus mejores momentos y vivió la mayor parte de su vida.
Ahí ganó los únicos dos títulos que tiene el Puebla en su historia y también llegó a defender la portería de la selección nacional en el Mundial de México 1986.

Sin embargo, cuando llegó su retiro, comenzaron sus problemas con la cocaína. “Llegué a la cima del éxito y después caí en el mundo de las drogas. Pero ha sido importante el valor de confesarlo”, comentó en entrevista con el periódico Milenio.
Larios intentó convertirse en director técnico para continuar su carrera en el fútbol, pero comenzó a consumir cocaína, lo que provocó que tuviera mayores problemas y a pesar de que fue entrenador de porteros de la selección, la adicción lo consumió.
A pesar de que durante muchos años se mantuvo fuera de los reflectores, la gente cercana a él conocía de su adicción y, finalmente, una bacteria le destrozó la nariz, por lo que necesitó más de 20 cirugías reconstructivas para quedar bien.
“Gracias a la fama conocí a muchísima gente de todos los estratos sociales. Me resultaba muy fácil conseguir cualquier tipo de droga. Pero no me acabé mi dinero, como muchos dicen, ni estoy en la indigencia”, comentó Larios.
Rehabilitado y con muchas reservas, el guardameta confesó en una entrevista en el 2016 sus problemas de adicciones, detalló qué fue lo que pasó con su nariz y habló de lo que fue pasando a lo largo de los años con él, además del dolor por el que pasó cuando su hijo falleció cruzando el Río Bravo para ir hacia Estados Unidos.

“Por muy deprimido, por muchos problemas que llegues a tener, esa no es una solución. Definitivamente no. Porque eso te acarrea más problemas”, sentenció Pablo Larios Iwasaki.
A los 58 años, el 31 de enero del 2019, Pablo fue internado de emergencia por una oclusión intestinal y sufrió un paro respiratorio, así que fue intervenido quirúrgicamente y falleció.
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