La depresión crónica es un padecimiento en el que hay pérdida de interés en las actividades diarias, desesperanza, baja autoestima, falta de energía, falta de concentración, entre otros padecimientos.
Sarah, de 36 años y quien vive en California, Estados Unidos, padeció de depresión crónica durante cinco años. Intentó todos los tratamientos psicológicos, así como médicos y no tuvo mayor progreso.
Varias veces al día tenía pensamientos suicidas y tomar decisiones simples era una pesadilla. También probó la terapia electroconvulsiva, que se lleva a cabo con anestesia general y que, con pequeñas corrientes eléctricas al cerebro, se busca que se genere una convulsión breve.
De la Escala Montgomery-Asberg de evaluación de la depresión, que es el sistema de puntuación que se utiliza para calificar la gravedad de los síntomas, Sarah marcó 36 de 54.

Después de que buscó cómo tratar su padecimiento, le insertaron un implante en el cráneo que tiene la función de pasar corriente a diferentes partes de su cerebro.
Implantación de un dispositivo
La Universidad de California en San Francisco fue la encargada de instalar el dispositivo. Durante 10 días monitorearon la actividad cerebral de Sarah y notaron que una parte de la amígdala predecía la aparición de una depresión severa. Pero con una pequeña descarga eléctrica en el estriado ventral, estos síntomas mejoraron.
Por eso implantaron un dispositivo de neuroestimulación para que activara un pulso de electricidad en esa área cuando detecta altos niveles con síntomas de depresión.
“Mi depresión se ha mantenido a raya y eso me ha permitido comenzar a reconstruir una vida que vale la pena vivir”, explicó Sarah, quien ahora su puntuación en la Escala Montgomery-Asberg es por debajo de 10 puntos.
“Tuve un verdadero momento ‘¡ajá!’. Sentí una sensación de alegría intensa y la depresión se convirtió en una pesadilla lejana. También me pude dar cuenta de que la depresión no es un defecto personal, sino una enfermedad tratable”, añadió Sarah.

Este resultado apenas es de una paciente, aunque es algo alentador. Ya el equipo de investigación inscribió a otros dos pacientes, pero todavía está lejos de la aprobación de la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos.
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